jueves, 21 de mayo de 2020

INVENTARIO DE GRATITUDES 01 El archivo de audio



     Hay una frase que he leído mucho en diverso formato: red social, prensa (el papel nuestro de cada día) o webs de medios digitales, algo así como "éramos felices y no lo sabíamos", o enunciados parecidos, que tratan de recordarnos que ha tenido que ocurrir la pandemia para valorar lo cotidiano. No se cree uno más listo que nadie, ni considera a sus allegados mejores que los de los demás; pero ya contemplábamos nosotros un regalo muchas de las cosas que formaban, integraban parte de nuestro cotidiano discurrir.
Comienzo hoy un tema en este blog (blog que tenía lleno de polvo virtual, inmaterial pero patente y terco en esa fecha anterior once de noviembre de dos mil diecisiete), un tema: INVENTARIO DE GRATITUDES, que intentará abarcar los elementos que antes de las actuales circunstancias ya eran importantes, pero que en el confinamiento se han convertido en pequeños presentes que nos han ayudado a atravesar el tiempo de las cuatro paredes, y tirarlas un poco sin salir de ellas.

Hoy: EL ARCHIVO DE AUDIO (podcast, sí).
     Me gustaría saber cuándo fue la primera vez que descargué un archivo de audio en mi viejo mp3 (lo estropeé e inutilicé al olvidar sacarlo del pantalón de correr, y lavarlo en la lavadora). Era un minúsculo y durísimo reproductor de mp3 que no soportó las vueltas y detergentes de la lavadora. El de ahora no está mal pero es más delicado y no se pueden apretar lo botones con rotundidad, se bloquea, hay que acariciarlos.
¿De qué trataría el primer archivo de audio? ¿Cervantes, el Brujo, Alfonso décimo, los sefardíes? Tengo un disco duro donde grababa todos y cada uno de los archivos, como si quisiera encerrar en la bodega del barco todo. Como si me diera miedo que se perdiesen esas grabaciones por la red, pero claro llegó un momento que era una locura seguir acumulando audios, cuando la red los atrapa, los guarda y los muestra bien, hay que reconocerlo.

     ¿Cómo se amplían los temas de interés? Es un misterio. Uno busca por esa estantería infinita de la red, una especie de tabla de helados de nuestra infancia en la que no sabías cuál elegir, ahora se descubre y se esconde interminable en ese espacio vertiginoso, con puertas de entrada: la web de RNE, Ivoox, YouTube... Y navegas buscando puerto: una entrevista, una charla, un debate, una conferencia, un diálogo, un programa donde se recite, donde se discuta, un archivo de audio, en definitiva, que te haga compañía durante la limpieza del hogar, la ordenación de una habitación, el paseo...

     Ya está dicho antes: qué suerte poder escuchar música o audios pulsando el play de un aparato. Hace relativamente poco, poder escuchar música sólo era posible en directo. Pero el archivo de audio tiene menos años todavía, o sea, que la magia está servida: poder elegir en cualquier momento. Cuando yo tenía quince, dieciséis años, me quedaba escuchando en las noches de verano Hablar por hablar, Si amanece nos vamos... y quedarte dormido (si no lo grababas) suponía perderte el programa. Eso se ha terminado. Ahora se puede escuchar prácticamente todo cuando quieras. Por eso la gratitud.

     A mí me gusta mucho jugar a eso de elegir la película, el disco, el lugar... favoritos. Si tuviera que elegir un archivo de audio de todos sería muy difícil: la entrevista a Umbral en Negro sobre blanco, las conferencias de doña Carmen Vaquero Serrano sobre Garcilaso, algunos programas de Radio Clásica como el de Música Antigua sobre el Tesoro de la Lengua castellana o española, las charlas alrededor de Cervantes, alrededor de Chaves Nogales, alrededor de Gómez de la Serna, los programas de Documentos RNE como el especial del Museo del prado o el de el Greco, los ciclos de la Fundación Juan March como el de los diarios de Trapiello o escuchar la voz de Fernando Zóbel... me dejo muchos perdidos en el tiempo, en muchos años ya, parece mentira.

     El archivo de audio o el viaje en lo cotidiano.

sábado, 11 de noviembre de 2017

película 11 ORO (Agustín Díaz Yanes)

(Imagen de AtresMedia)

(Si usted, inédito lector, no ha visto todavía la película, 
puede encontrar aquí detalles 
que le desvelen partes de la misma)          


          No llegan a cuajar del todo las películas basadas en libros o, como en el caso de Oro, relatos de Arturo Pérez-Reverte.  Pensaba en ello después de verla, anoche. A las diez menos cinco, ocho personas esperábamos a que se apagara la luz, y la pantalla volviera a meternos en eso de "la magia del cine". Todavía me pasa, aunque voy muy poco; ver una película en el cine me sigue atrapando, independientemente de lo que me guste la película.

          Oro es un sí pero no; un no, pero casi... sí. José Coronado (Bastaurrés) (que a ver si hace ya una película de Francisco de Goya y Lucientes) está muy en soldado de los tercios; Raúl Arévalo (Martín Dávila) se quita la sonrisa en toda la película y engola su voz, haciéndonos olvidar sus papeles alegres y juveniles; hasta podemos escucharle una frase del libro "Tirant lo blanc": "Porque soy un hombre de poca condición y sin ningún título"; Óscar Jaenada (Juan de Gorriamendi),  nos aparece en la selva "como tiro de arcabuz", valiente y bravucón, su actuación me recordó a aquel prólogo de Pérez-Reverte para el libro "Vida de este capitán" donde un capitán real, Alonso de Contreras, nos cuenta su vida. Juan Carlos Aduviri (el guía de la expedición, Mediamano), un curtido indio, más fiel a los españoles, que algunos de los expedicionarios. O José Manuel Cervino (capitán don Gonzalo de Baztán), cumple verazmente con el papel de navarro viejo, cruel y decadente, trasunto del conquistador Pedro de Ursúa, personaje real. 

          Juan José Ballesta (Iturbe) en sus maneras sí es un soldado de aquellos, pero cuando habla sale el chico de barrio, con el habla del chico de barrio, y eso que habla poco. Y el lenguaje está cuidado en general, aunque sobran algunas conversaciones entre Bárbara Lennie (doña Ana, joven mujer de don Gonzalo de Baztán) y Anna Castillo ("La Parda", criada de doña Ana), donde sólo falta la bolsa de pipas y el litro de cerveza para que parezca que estén hablando en un banco por el Madrid de los Austrias. Sin embargo no sería yo justo si sólo dijera eso de ambas actrices; tienen un papel solvente, también sus rostros y maneras siguen la línea de los demás, y una vez que Anna Castillo, "La Parda", muere por la picadura de una serpiente, Bárbara Lennie, doña Ana, sobresale en la recta final de la película. 

          Papeles brillantes, pero poco aprovechados, son los de Luis Callejo (Páter Vargas), pues se ve la parte más negativa y cruda de la Iglesia en el asunto, pero fue mucho más complejo de lo simplista del tratamiento en la película, ahí están las crónicas; como la participación de Andrés Gertrúdix (el licenciado Ulzama), es una figura muy interesante de esas expediciones, ya que es la que deja por escrito lo que ocurre, y hoy podemos acercarnos a lo que ocurrió. Aun teniendo más protagonismo que el páter, ambos podrían haber ocupado minutos que por el contrario se utilizaron para abusar de planos generales de la selva y de la expedición caminando a través de ella.

          Lo mejor de este tipo de películas es ver luego las entrevistas a director y actores en distintos diarios o medios digitales, donde los periodistas, siempre hacen preguntas orientadas a saber la opinión del entrevistado acerca de su postura ante el episodio de la Historia de España en la que está basada la película. No vaya a ser que alguno de ellos se equivoque y diga algún aspecto positivo del papel de España. Por Dios.

          Hay un guiño, intencionado o azaroso, a la película Apocalypse Now, con la aparición algo exótica del actor Juan Diego (Requena), que vive solo, apartado, feliz con una nativa de allí, del Amazonas, y sus hijos. Un coronel Kurtz, simpático, surrealista, con tintes hippies, en su vestimenta  (con ropa del siglo XVI, pero con fisonomía hippie) y filosofía de vida. Derrapa ahí un poco la película, aunque salva su papel el actor, que haga lo que haga a mí me parece que tiene algo.

          Anoche, a las doce menos cuarto, al salir, en seguida nos despedimos los amigos en la puerta de los Multicines de Cuenca. Hacía frío y nos fuimos cada mochuelo a su olivo. Antes de llegar al olivo, o sea, mi casa, me metí en el coche. Lo arranqué, y puse Radio Clásica, bajito para dejar espacio a las reflexiones que empiezan a surgir tras ver una película. Y me quedé con lo bueno: con esas escenas en las que retrocedí casi quinientos años, para internarme en la selva con nuestros antepasados, crueles y con una mano delante y otra detrás. Consciente de que tengo mucho que aprender de nuestra propia Historia, despojada de política. De no juzgar el pasado con los ojos de hoy, pues nada tienen que ver las condiciones de cada época. Y me quedé con esa escena en que los españoles: navarros, extremeños o andaluces, cantan al son que marca Diego Paris (el criado de don Gonzalo, Marchena), un villancico del siglo XVI, "De los álamos vengo, madre", compuesto por Juan Vásquez, extremeño, músico renacentista. La expedición espera emboscada en algún lugar de la selva, y ahuyentan el miedo cantando juntos, apretados, serios, dispuestos a todo, con la cruz colgando del pecho aunque blasfemen en cada paso. Y así el director, sin estridencias que luego la policía de lo correcto pueda echárselo en cara, cantan, hermanándose, esa letra:

"De los álamos vengo, madre
de ver cómo los menea el aire,
De los álamos de Sevilla
de ver a mi linda amiga"

sábado, 22 de octubre de 2016

Película 10 EL MAESTRO DE ESGRIMA



     Hacía mucho tiempo que no veía la película, del libro hace todavía más. Me pasa con las películas basadas en las novelas de Pérez-Reverte que siempre he tenido grandes expectativas y luego casi todas han sido un "quiero y no puedo". No es que algunas no me gustaran; Alatriste de Díaz Yanes, con todas las faltas y sobras que tiene, la vi en el cine cuatro veces y en mi casa más de lo que manda el sentido común, para no creer que uno está en el Siglo de Oro cuando pasea por Madrid. Sin embargo, la adaptación que no ha sido floja, es que era deleznable (La Tabla de Flandes).
     Tal vez, La novena puerta de Polansky (basada en El Club Dumas de AP-R), puede ser una que esté por encima de las demás, aunque el final... en fin, vaya castaña de final.

     Retornando a El maestro de esgrima, que la he vuelto a ver en TVE 2, previo debate sobre el cine de aventuras, con Carlos Saura, Pedro Olea y otros directores, me ha redescubierto la mejor adaptación al cine de las novelas de AP-R y también me ha recordado al libro... y eso es lo mejor, porque el libro fue el primero que leí del escritor de Cartagena, y ahora, mirando desde el dos mil dieciséis a aquellos primerizos años noventa, puedo afirmar también que la historia de Jaime de Astarloa y de Adela de Otero, es posiblemente la mejor novela de AP-R, con permiso de Un día de cólera y algunos Alatristes (El puente de los asesinos me parece genial).

     La película se fundamenta según mi opinión en dos pilares muy resistentes: la fidelidad al libro y la recreación histórica. Y creo que ambos aspectos se asientan en el acierto total con los actores elegidos. Es decir que gracias al buen hacer, tanto de Omero Antonutti (Jaime de Astarloa), Assumpta Serna (Adela de Otero), en los personajes principales; así como Miguel Rellán (Agapito Cárceles, un periodista revolucionario) o José Luis López Vázquez (el comisario), en secundarios que aportan mucha verosimilitud al relato filmográfico; creo, como digo, que este puñado de actores logran ambas cosas: respeto al libro y eso que tanta falta le hace a una película histórica: verdad, que nos transmita verdad. Que nos creamos que estamos abriendo una ventana en el tiempo y estamos entrando en el siglo XIX español, en el caótico año 1868 español. Y lo logran.

     Omero Antonutti me parece que nació para hacer este papel; tras leer el libro, estás viendo salir de sus páginas, caminando, estirado y elegante al actor italiano. Es un personaje galdosiano, sin la caricatura de don Lope en Tristana, pero con muchas cosas en común.
     Assumpta Serna está muy al punto en el papel: delicada pero firme, grácil pero violenta... además ha contado Pedro Olea, entre risas mailciosas, que la actriz y Omero se llevaban fatal, no se aguantaron durante el rodaje, cosa de la que estaba encantado. Hay una escena especialmente buena, que ella borda espléndidamente, pero no puedo descubrirla aquí.
     Miguel Rellán sabe sacarle chispas a ese periodista nervioso, revolucionario y chillón, pero sin caer en la parodia. Creo que es uno de nuestros mejores actores.
     Y José Luis López Vázquez... viéndolo en esta película se me va confirmando el cuento de que esos actores de la supuesta españolada son menores, o que sólo sabían hacer comedia. De eso nada. Hace comisario de época, bien hecho y vuelvo a lo importante: el ser capaz de hacernos creer que estamos ante un policía de esa época. Impresionante.

     Gracias a TVE, por programar buen cine español en esta noche de otoño del dos mil dieciséis. Parece mentira.

viernes, 5 de agosto de 2016

Película 09 LA NOCHE AMERICANA

     
       
          El director Ferrand (François Truffaut) es como la estrella de ese sistema solar sobre la que giran todas las personas que trabajan en una película: actores, maquilladoras (en la película no hay maquilladores, no porque crea que todas sean mujeres), regidor, etcétera

          Habré visto más películas basadas en rodajes de otra película, pero la que más presente he tenido mientras he visto esta, ha sido "La mujer del teniente francés". Es de admirar la película que hizo Truffaut, donde nos enseña el interior de un rodaje: la dificultad de que la toma de una escena quede bien hecha, el difícil equilibrio emocional que se ha de dar para que todas las piezas encajen, la fortaleza y serenidad del director... y algo que me ha gustado especialmente: Truffaut hace un homenaje a aquellas personas que tiene cerca y son sus pilares, los que logran que los escenarios sean perfectos, los que tienen a punto el vestuario, los que se quitan horas de sueño para que todo funcione (aquí tenemos que destacar a la chica rubia, creo que una regidora maravillosa, que no duerme para ir al aeropuerto a por el vestuario que por equivocación estaban trasladando)...
          Ya admiraba a Truffaut por todas esas películas que hemos visto y nos han hecho disfrutar con la elegancia, el fino humor, la aparente frivolidad, las historias bien contadas, hasta meter al espectador en la piel de Jean Pierre Leaud (yo realmente descubrí a este director con "Las dos inglesas y el amor", una película de esas que no hace falta decir a nadie lo que ha sentido uno viéndola. Cuando terminas de verla, te sirve el silencio y la calma como confidentes de esa poesía que estaba en el aire del filme). 

          Una escena imborrable (entre tantas): con una música bien elegida, que surge de manera cómica y es melancólica finalmente , le traen al director un paquete de papel marrón con libros: y él, corta con las tijeras la cuerda de bramante blanco, y deja caer como si vertiera un tesoro sobre la mesa libros sobre Hitchcock, Godard, Buñuel... 

          La película es un homenaje al mundo del cine. Del cine de antes.

viernes, 29 de julio de 2016

Película 08 DALLAS BUYERS CLUB

          

           Hacía mucho tiempo que no me tenía una película pegado a la pantalla ciento doce minutos, bendito Matthew McConaughey  (Ron Woodroof en la peli). La verosimilitud de una película es todo; recordaba yo las sabias palabras de José Sacritán cuando hablaba de su oficio en la Fundación Juan March, y el porqué de la gente para meterse a ver un teatro, es decir, pagar su entrada y perder dos horas de su tiempo en ver un teatro. Y apelaba a que esas personas sentadas en su butaca estaban creyendo que el que salía a escena dejaba de ser ciudadano Sacristán para convertirse en otra persona, en un personaje, que debía intentar rozar el milagro de la creación, de Ser otro.

           Recuerdo las noticias sobre la pérdida de peso de McConaughey para encarnar a Woodroof, la verdad es que es impresionante verlo. Pero no basta con quitarse peso, ahí vemos una interpretación muy buena... transmite perfectamente la desesperación, y esa mezcla entre la extrema fragilidad de un hombre profundamente enfermo y el nervio restallante del que llega al límite cuando ve la vela quemarse por los dos extremos a mucha velocidad.

          Escenas impagables: (si usted, amabilísimo lector, no digo desocupado porque sin juramento me podrá creer, no quiero equipararme con Cervantes... como decía, lector, si no ha visto la película, hay muchas más pero yo sólo traigo dos) Escenas impagables, decíamos: cuando están en el supermercado Ron Woodroof (McConaughey) y su socio Ryon (Jared Leto), y se encuentran a un ex-amigo de Ron (lo dejan de lado sus antiguos amigos cuando se enteran que tiene sida). Cuando ve el ex-amigo con quién va Ron se empieza a reír... entonces Ron presenta a ambos, y Ryon tiende la mano al ex-amigo, pero éste se ríe y se da la vuelta. Entonces Ron le coge por la espalda, con un brazo en el cuello y el otro se lo inmoviliza, dejándole una mano libre, "¡dale la mano!" le grita Ron... el ex-amigo se la da de mala gana a Ryon. 
Otra escena brutal es cuando la doctora Eve (Jennifer Garner), se quita la venda de los ojos, e intenta colgar el cuadro de las flores de texas, pintado por la madre de Ron (éste se lo ha regalado en una cena que tienen). Cuando está intentando clavar un clavo en la pared, se da en un dedo, y es le chispa que hace explotar lo que venía reconcomiéndole todo el tiempo, la inutilidad de los tratamientos de su hospital y la certeza del engaño de las farmacéuticas... entonces empieza a golpear con rabia la pared con el martillo, y cuando ha dejado tres huecos como disparos de trabuco, cuelga de cualquier manera el cuadro, acaba de comenzar su mirar las cosas como son, y no como se plantean en su centro de trabajo.

           Esa entrega de dos estatuillas a McConaughey (mejor actor) y Leto (mejor actor secundario) son merecidas. 
          Peliculón, un aplauso.

sábado, 27 de febrero de 2016

CABALLO DE PICA (TVE, 1974)

          Caballo de pica forma parte de una "serie dramática dedicada a la difusión de relatos de notable valor literario, pertenecientes a la literatura española y universal", según explica la propia página de Televisión Española.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/cuentos-y-leyendas/

          El mediometraje al que nos referimos, Caballo de pica, está basado en un relato de Ignacio Aldecoa, editado en 1961 por la editorial Taurus.



Se puede ver aquí el telefilm:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/cuentos-y-leyendas/cuentos-leyendas-caballo-pica/3377399/

          El protagonista es un torero retirado de los ruedos, Pepe el Trepa , pobre, y que tampoco se puede permitir dignidad, él que tan altivo aparenta con una copa de fino en la mano. Manuel Zarzo  interpreta, domina, el papel, metiéndonos en la taberna de azulejos castizos (nos recordará a la serie Juncal que más tarde realizará con Paco Rabal), en la España de José Gutiérrez-Solana, en la ruindad que mira el perro de Goya cuando se asoma a nuestra alma en las Pinturas Negras, el mismo mirar de los ojos del torero saliendo de la plaza, después de una tarde de fracaso en el albero, y se encuentra con el sacrificio de un caballo de pica que ya no sirve, "contigo no me hace ninguna gracia" le dice el dueño al caballo que lo sujeta en suelo, en una escena llena de patetismo, mientras Pepe El Trepa se queda mirando la escena, mirándose a sí mismo en ese caballo al que van a descabellar, "ya no sirves para nada", continúa el hombre que ya prepara el cuchillo, "cuando un caballo viene a parar a la pica por algo será, digo yo", frase a mitad de camino entre la broma y la tragedia, tan sencilla, tan trascendental, tan mirar al vacío, que encierra toda la filosofía del relato y de la película; "y cuanto antes aviemos mejor", el hombre pone un oscuro énfasis en ese mejor, y vemos la escena que explica el título: un brazo armado de un cuchillo, que se hunde en la nuca del caballo. A continuación, la tela que cubría los ojos del caballo, se dobla y deja al descubierto la mirada de incomprensión, de auxilio, de un único ojo, que pugna por abrirse por última vez ; ahí sentimos el sobrecogimiento que nos quiere hacer llegar Aldecoa (y que el director consigue) y la contradicción que hay entre el término taurino "caballo de pica", caballo del picador; y por el contrario la escena del triste descabello del animal que han sujetado contra el suelo.

          Me ha recordado este telefilm a la película Calle Mayor, no por el tema, sino por la carcajada negra que resuena en todo el tiempo por detrás de las imágenes, hasta que se hace evidente en el grupo ese de españoles, que en ambas películas ríen abriendo mucho la boca, enseñando todos los dientes, cuando ven la desgracia, y desde nuestro sillón, nos movemos incómodos porque no nos gusta vernos así, tan desnudos, con tanta desgraciada verdad, en un espejo, y entonces pensamos que todos somos el caballo de pica de Aldecoa, cuando le dice el bruto del amo "cuando un caballo viene a parar a la pica por algo será, digo yo". Así de triste y de fácil. Hoy que somos tan modernos, despojados de toda esa tecnología y todo ese plástico que nos rodea y nos disfraza, qué cerca estamos de ese grupo de hombres atolondrados por el alcohol, enseñando los dientes cuando ven a alguien caer.


domingo, 10 de enero de 2016

Película 07 LA MIEL




          REPARTO, PERSONAJES PRINCIPALES

     Don Agustín (José Luis López Vázquez): Vive con su hermana y trabaja como seglar en un colegio religioso, en la película no queda muy claro si sale del seminario por que le gustaban mucho las mujeres o porque debía irse a vivir con su hermana con motivo de quedarse viuda. Borda el personaje, aunque aclaro que a mí el gesto ese un poco exagerado de López Vázquez casi nunca me ha molestado. 

     Inés (Jane Birkin): No sé cómo no hizo más películas junto con López Vázquez, es una mezcla genial. Lo más fácil sería decir que es como juntar a Torrente con una tía buena; es un poco simple pensar así, pero es más fácil eso que buscar matices de ambos personajes, porque ni López Vázquez llega al demasiado evidente personaje ramplón, ni Birkin es la rubia despampanante sin cerebro; muy al contrario: es una señorita afrancesada, una cocotte elegante, valga la redundancia. Hay otras sensibilidades y un humor más fino que el burdo de la saga de Santiago Segura.
     
     Paco, Paquito (Jorge Sanz): Es la primera película de Jorge Sanz, y es muy curioso algo que anuncian al principio de la película, junto al nombre de los actores y el título de la propia película: "La presentación cinematográfica del niño Jorge Sanz", por delante de "Y la colaboración de Agustín González". Me resulta curioso porque no he visto en otras películas ese bombo y platillo para anunciar la participación de un niño actor, aunque tal vez sí y a mí se me haya pasado, y sin embargo en este caso no, porque siempre me ha caído bien Jorge Sanz. En un principio parece que va a interpretar el papel típico de gamberrete, luego le vamos cogiendo cariño y se adapta a las escenas entre López Vázquez y Birkin con gracia y soltura, pese a que sea su primera película.

     Amelia (Amelia de la Torre): hermana de Agustín. Parece una mujer sacada del museo de cera. Egoísta, intenta manejar a su hermano como quiere. Gran actriz que redondea la película suponiendo para Don Agustín un corsé moral rígido que se tendrá que ir quitando poco a poco.
     
     Vecino de abajo de Inés (Agustín González): No sería uno de los personajes principales si analizamos la película objetivamente, pero como es un actor al que le he tenido siempre cariño lo incluyo en el elenco de principales. Qué vamos a decir de este actor, pues que es creíble que es lo  más importante, sobre todo cuando se enfada porque le han caído las braguitas de la vecina a su tendedero del patio de vecinos. 

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          Alguna vez escuché que a López Vázquez lo quería contratar George Cukor para llevárselo a Hollywood, y no me extraña. Los primeros minutos de la película nos parecen llevar al mundillo ese del destape y del guión fácil, todo como muy evidente. Nada que ver. Se nota la mano de Rafael Azcona como coguionista junto a Pedro Masó, que es el director.

          Aparte de la trama de la propia película, me ha pasado con ésta como tantas de esos años de los 70/80 españoles: me encanta ver Madrid de esos años, cómo va vestida le gente, los coches. Hay una escena que nos enseña a unos chicos jugando al fútbol en el patio, parece un partido de cincuenta contra cincuenta, que es como han sido siempre los partidillos en el colegio, una multitud de chavales detrás de una pelota. Tiene un color nostálgico. Aunque ahora que lo pienso toda la película está bañada en un color amarillento y nostálgico, con esa música que se mueve entre un inocente erotismo y una tristeza crepuscular.

          La película es una consecución de acertadas escenas de humor, con toques sentimentales (el niño se va encariñando poco a poco de don Agustín) y el erotismo, muy elegante, de la belleza huidiza y arrolladora de Jane Birkin.
          No sabría elegir una escena: cuando pilla don Agustín a Paquito fumando en el baño y escribiendo en la pared con un rotulador negro, que luego borra con la escobilla; cuando va a buscar don Agustín a Inés a la tienda, para hablar con ella, y justo en ese momento hay una mujer cambiándose de camisa (la cara de López Vázquez es un delirio); las escenas de los hermanos Agustín y Amelia, en el Bingo, en la casa, en la marisquería; tienen algo de verdad y a la vez algo teatral muy atrayente.
          Y para no desvelar nada, diré que me parece un final muy bien elegido. No puedo saber si tardaron mucho o poco en decidir el desenlace, pero considero que es un trabajo de guión acertado, fino, lejos de lo que llaman los sabelotodos "españolada". No me lo esperaba, y sí quiero apuntar que los primeros planos de Jane Birkin en ese final son literatura, pasión, es ver algo hermosísimo que se escapa de las manos.