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sábado, 22 de octubre de 2016

Película 10 EL MAESTRO DE ESGRIMA



     Hacía mucho tiempo que no veía la película, del libro hace todavía más. Me pasa con las películas basadas en las novelas de Pérez-Reverte que siempre he tenido grandes expectativas y luego casi todas han sido un "quiero y no puedo". No es que algunas no me gustaran; Alatriste de Díaz Yanes, con todas las faltas y sobras que tiene, la vi en el cine cuatro veces y en mi casa más de lo que manda el sentido común, para no creer que uno está en el Siglo de Oro cuando pasea por Madrid. Sin embargo, la adaptación que no ha sido floja, es que era deleznable (La Tabla de Flandes).
     Tal vez, La novena puerta de Polansky (basada en El Club Dumas de AP-R), puede ser una que esté por encima de las demás, aunque el final... en fin, vaya castaña de final.

     Retornando a El maestro de esgrima, que la he vuelto a ver en TVE 2, previo debate sobre el cine de aventuras, con Carlos Saura, Pedro Olea y otros directores, me ha redescubierto la mejor adaptación al cine de las novelas de AP-R y también me ha recordado al libro... y eso es lo mejor, porque el libro fue el primero que leí del escritor de Cartagena, y ahora, mirando desde el dos mil dieciséis a aquellos primerizos años noventa, puedo afirmar también que la historia de Jaime de Astarloa y de Adela de Otero, es posiblemente la mejor novela de AP-R, con permiso de Un día de cólera y algunos Alatristes (El puente de los asesinos me parece genial).

     La película se fundamenta según mi opinión en dos pilares muy resistentes: la fidelidad al libro y la recreación histórica. Y creo que ambos aspectos se asientan en el acierto total con los actores elegidos. Es decir que gracias al buen hacer, tanto de Omero Antonutti (Jaime de Astarloa), Assumpta Serna (Adela de Otero), en los personajes principales; así como Miguel Rellán (Agapito Cárceles, un periodista revolucionario) o José Luis López Vázquez (el comisario), en secundarios que aportan mucha verosimilitud al relato filmográfico; creo, como digo, que este puñado de actores logran ambas cosas: respeto al libro y eso que tanta falta le hace a una película histórica: verdad, que nos transmita verdad. Que nos creamos que estamos abriendo una ventana en el tiempo y estamos entrando en el siglo XIX español, en el caótico año 1868 español. Y lo logran.

     Omero Antonutti me parece que nació para hacer este papel; tras leer el libro, estás viendo salir de sus páginas, caminando, estirado y elegante al actor italiano. Es un personaje galdosiano, sin la caricatura de don Lope en Tristana, pero con muchas cosas en común.
     Assumpta Serna está muy al punto en el papel: delicada pero firme, grácil pero violenta... además ha contado Pedro Olea, entre risas mailciosas, que la actriz y Omero se llevaban fatal, no se aguantaron durante el rodaje, cosa de la que estaba encantado. Hay una escena especialmente buena, que ella borda espléndidamente, pero no puedo descubrirla aquí.
     Miguel Rellán sabe sacarle chispas a ese periodista nervioso, revolucionario y chillón, pero sin caer en la parodia. Creo que es uno de nuestros mejores actores.
     Y José Luis López Vázquez... viéndolo en esta película se me va confirmando el cuento de que esos actores de la supuesta españolada son menores, o que sólo sabían hacer comedia. De eso nada. Hace comisario de época, bien hecho y vuelvo a lo importante: el ser capaz de hacernos creer que estamos ante un policía de esa época. Impresionante.

     Gracias a TVE, por programar buen cine español en esta noche de otoño del dos mil dieciséis. Parece mentira.

viernes, 5 de agosto de 2016

Película 09 LA NOCHE AMERICANA

     
       
          El director Ferrand (François Truffaut) es como la estrella de ese sistema solar sobre la que giran todas las personas que trabajan en una película: actores, maquilladoras (en la película no hay maquilladores, no porque crea que todas sean mujeres), regidor, etcétera

          Habré visto más películas basadas en rodajes de otra película, pero la que más presente he tenido mientras he visto esta, ha sido "La mujer del teniente francés". Es de admirar la película que hizo Truffaut, donde nos enseña el interior de un rodaje: la dificultad de que la toma de una escena quede bien hecha, el difícil equilibrio emocional que se ha de dar para que todas las piezas encajen, la fortaleza y serenidad del director... y algo que me ha gustado especialmente: Truffaut hace un homenaje a aquellas personas que tiene cerca y son sus pilares, los que logran que los escenarios sean perfectos, los que tienen a punto el vestuario, los que se quitan horas de sueño para que todo funcione (aquí tenemos que destacar a la chica rubia, creo que una regidora maravillosa, que no duerme para ir al aeropuerto a por el vestuario que por equivocación estaban trasladando)...
          Ya admiraba a Truffaut por todas esas películas que hemos visto y nos han hecho disfrutar con la elegancia, el fino humor, la aparente frivolidad, las historias bien contadas, hasta meter al espectador en la piel de Jean Pierre Leaud (yo realmente descubrí a este director con "Las dos inglesas y el amor", una película de esas que no hace falta decir a nadie lo que ha sentido uno viéndola. Cuando terminas de verla, te sirve el silencio y la calma como confidentes de esa poesía que estaba en el aire del filme). 

          Una escena imborrable (entre tantas): con una música bien elegida, que surge de manera cómica y es melancólica finalmente , le traen al director un paquete de papel marrón con libros: y él, corta con las tijeras la cuerda de bramante blanco, y deja caer como si vertiera un tesoro sobre la mesa libros sobre Hitchcock, Godard, Buñuel... 

          La película es un homenaje al mundo del cine. Del cine de antes.

domingo, 10 de enero de 2016

Película 07 LA MIEL




          REPARTO, PERSONAJES PRINCIPALES

     Don Agustín (José Luis López Vázquez): Vive con su hermana y trabaja como seglar en un colegio religioso, en la película no queda muy claro si sale del seminario por que le gustaban mucho las mujeres o porque debía irse a vivir con su hermana con motivo de quedarse viuda. Borda el personaje, aunque aclaro que a mí el gesto ese un poco exagerado de López Vázquez casi nunca me ha molestado. 

     Inés (Jane Birkin): No sé cómo no hizo más películas junto con López Vázquez, es una mezcla genial. Lo más fácil sería decir que es como juntar a Torrente con una tía buena; es un poco simple pensar así, pero es más fácil eso que buscar matices de ambos personajes, porque ni López Vázquez llega al demasiado evidente personaje ramplón, ni Birkin es la rubia despampanante sin cerebro; muy al contrario: es una señorita afrancesada, una cocotte elegante, valga la redundancia. Hay otras sensibilidades y un humor más fino que el burdo de la saga de Santiago Segura.
     
     Paco, Paquito (Jorge Sanz): Es la primera película de Jorge Sanz, y es muy curioso algo que anuncian al principio de la película, junto al nombre de los actores y el título de la propia película: "La presentación cinematográfica del niño Jorge Sanz", por delante de "Y la colaboración de Agustín González". Me resulta curioso porque no he visto en otras películas ese bombo y platillo para anunciar la participación de un niño actor, aunque tal vez sí y a mí se me haya pasado, y sin embargo en este caso no, porque siempre me ha caído bien Jorge Sanz. En un principio parece que va a interpretar el papel típico de gamberrete, luego le vamos cogiendo cariño y se adapta a las escenas entre López Vázquez y Birkin con gracia y soltura, pese a que sea su primera película.

     Amelia (Amelia de la Torre): hermana de Agustín. Parece una mujer sacada del museo de cera. Egoísta, intenta manejar a su hermano como quiere. Gran actriz que redondea la película suponiendo para Don Agustín un corsé moral rígido que se tendrá que ir quitando poco a poco.
     
     Vecino de abajo de Inés (Agustín González): No sería uno de los personajes principales si analizamos la película objetivamente, pero como es un actor al que le he tenido siempre cariño lo incluyo en el elenco de principales. Qué vamos a decir de este actor, pues que es creíble que es lo  más importante, sobre todo cuando se enfada porque le han caído las braguitas de la vecina a su tendedero del patio de vecinos. 

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          Alguna vez escuché que a López Vázquez lo quería contratar George Cukor para llevárselo a Hollywood, y no me extraña. Los primeros minutos de la película nos parecen llevar al mundillo ese del destape y del guión fácil, todo como muy evidente. Nada que ver. Se nota la mano de Rafael Azcona como coguionista junto a Pedro Masó, que es el director.

          Aparte de la trama de la propia película, me ha pasado con ésta como tantas de esos años de los 70/80 españoles: me encanta ver Madrid de esos años, cómo va vestida le gente, los coches. Hay una escena que nos enseña a unos chicos jugando al fútbol en el patio, parece un partido de cincuenta contra cincuenta, que es como han sido siempre los partidillos en el colegio, una multitud de chavales detrás de una pelota. Tiene un color nostálgico. Aunque ahora que lo pienso toda la película está bañada en un color amarillento y nostálgico, con esa música que se mueve entre un inocente erotismo y una tristeza crepuscular.

          La película es una consecución de acertadas escenas de humor, con toques sentimentales (el niño se va encariñando poco a poco de don Agustín) y el erotismo, muy elegante, de la belleza huidiza y arrolladora de Jane Birkin.
          No sabría elegir una escena: cuando pilla don Agustín a Paquito fumando en el baño y escribiendo en la pared con un rotulador negro, que luego borra con la escobilla; cuando va a buscar don Agustín a Inés a la tienda, para hablar con ella, y justo en ese momento hay una mujer cambiándose de camisa (la cara de López Vázquez es un delirio); las escenas de los hermanos Agustín y Amelia, en el Bingo, en la casa, en la marisquería; tienen algo de verdad y a la vez algo teatral muy atrayente.
          Y para no desvelar nada, diré que me parece un final muy bien elegido. No puedo saber si tardaron mucho o poco en decidir el desenlace, pero considero que es un trabajo de guión acertado, fino, lejos de lo que llaman los sabelotodos "españolada". No me lo esperaba, y sí quiero apuntar que los primeros planos de Jane Birkin en ese final son literatura, pasión, es ver algo hermosísimo que se escapa de las manos.

domingo, 3 de agosto de 2014

PELÍCULA 06 SENDEROS DE GLORIA (Paths of Glory)

          

          Es inevitable acordarse de Gallipoli, la heroica película de Peter Weir, no porque fueran heroicas las razones de I Guerra Mundial, sino porque ver a esos muchachos llenos de vida ser llevados al matadero de las primeras trincheras-ratoneras, se convertía en algo triste, sí, pero con la fuerza del mito, que en estos casos fue verdad.

          Poco podemos desde este humilde blog aportar a lo dicho sobre esa furia andante que tuvo por nombre Kirk Douglas (Coronel Dax en la peli), pero es también insuficiente lo que se diga de este actor; al verlo enfadado y harto ante tanto desmán de los superiores, está uno deseando que se quite con violencia y premura el uniforme gris de coronel, y aparezcan las sencillas telas de ciudadano romano de segunda, de Espartaco desatado, para apuñalar con saña a tanta gentuza con galones (no estaría mal que esto pasara en la escena del juicio a los tres inocentes soldados elegidos al azar, que saltara por encima de las mesitas versallescas y se liara con la faca a por los mandamases Douglas padre).
       
          Si esta película la echaran en el cine, iríamos corriendo a pagar religiosamente nuestra entrada, para verlo intacto recorrer arriba y abajo las trincheras, como un tiburón perdido en un río gris, oliendo el miedo de todos los chicos, preparados y apunto para la matanza correspondiente.

          Hemos empezado esta entrada del blog emparejando, emparentando Senderos con Gallipoli; se me ocurren otras dos películas relacionadas con una escena sublime, triste y esperanzadora a partes iguales. Esta es: aparecen todos los soldados en la cantina, emborrachándose a modo, y aparece el cantinero sacando del brazo a una bella muchacha sobre el escenario del local; cantinero que es como un Sancho Panza francés, pero que al bueno de Sancho este ruin y soez mesonero no le llega a la altura de las alpargatas. El cantinero, con la lascivia desbordándose por toda su redonda cara, hace reír a la concurrencia haciendo unas gracietas sobre la chica que no suelta del brazo. Esto de la diversión de la tropa en la guerra se supone en todas las guerras desde que el hombre campa por el mundo, pero adonde yo quería llegar es a la relación que tiene esta secuencia con la de unas chicas-Playboy bailando ante los soldados de Estados Unidos, en la película Apocalipsis Now; Con una pequeña pero irreconciliable diferencia entre las dos películas, la escena de las chicas-playboy no tiene un final moral explícito, Coppola deja al espectador ante sí mismo: te puede parecer bien, mal, regular o inevitable, pero no entra en más. Por otro lado, Kubrick sí termina la escena de forma distinta, deja un mensaje más claro: de repente la chica, libre ya de las garras del pequeño oso-hiena empieza a entonar una canción en alemán (recordemos que ellos ¡son franceses!), y los que hasta ese momento eran unos groseros y baobosos borrachos, van tornándose, a la velocidad que se pone el sol tras una colina, en mansos seres humanos, la melodía como un invisible ovillo de humanidad, va deshilándose y compartiéndose por todo el tugurio, las caras desencajadas se vuelven apacibles, nos recuerdan que esos hombres tienen madres, hermanas, novias o mujeres, esperándoles, cerca o lejos, y esa melodía cuya letra desconocen, va entrando en ellos, sacándoles lo mejor de sí mismos. Y es precisamente en ese momento cuando se me vino a la mente Casablanca, cuando se canta La Marsellesa en el Café de Rick, no sé explicarlo muy bien, pero sentí una emoción parecida. Hasta ese torbellino de fuerza que es el coronel Dax, que fue el mítico Espartaco, el obsesivo Van Gogh, es decir, el señor Douglas, al ver desde fuera todo lo que ocurre en el antro, nos regala una mirada y una expresión que nos enseña al gran actor, sutil cuando hace falta, aunque su fuerza aguarde latente.    

viernes, 11 de julio de 2014

PELÍCULA 05 CORAZONES DE HIERRO (CASUALTIES OF WAR)

          

          "Trabajar contigo no ha sido un placer, pero ha sido un privilegio", es lo que puso en una nota, tras el rodaje, Michael J. Fox a Sean Penn.

          Hay una cosa que comparten los actores jóvenes de esta película, Platoon y la maravilla monstruosa e insuperable Apocalypsis Now: para todos fueron experiencias catárticas, que les marcaron para siempre, que los roles de los soldados, saltaron la valla de la ficción y se colaron en sus propias vidas. Antes de la película, cuenta Michael J. Fox en una entrevista, quedaron varias veces Sean Penn y él, a comer, a conocerse, a "hacer migas", sin embargo, fue empezar el rodaje y por lo visto Penn comenzó a aislarse, a marcar una línea entre él y los demás.

          En un podium de pelis de Vietnam Corazones de hierro quedaría tercera, Platoon segunda y Apocalipsis Now la primera, pero muy por encima de las otras dos, aunque las otras dos sean también buenas películas.

          Pero hablemos de Corazones de hierro: el principio es lo peor, la selva parece un escenario de teatro, es una sensación mala que a punto estuvo de costarle que sacara el cedé del ordenador, pero me caen bien Penn y Fox, y sólo por tenerlos ahi en la pantalla, uno con su cara de loco reptil y el otro de dulce pimpín, me quedé, les dejé que siguieran y demostrarán, después sí, su credibilidad de soldados de guerra del Vietnam.

          Es cierto que Sean Penn tuerce a veces el gesto, en una exagerada impostura, pero ya digo, será que me cae bien, fui indulgente en el visionado y me gustó, de hecho la única crueldad verosímil en la peli, es la suya, porque John C. Reilly no ha de mostrar crueldad, hace de imbécil vacuo, de chupaculos, y actúa bien, ya se ve el gran actor que vendrá después, y es que fue un acierto del director (B. de Palma) no darle la oportunidad de hacer de malvado (aunque su comportamiento sí, no su foma, manera, estilo de ser), si le hubiera dado carta blanca para pasear su perversidad, el rostro que tiene anularía en parte el rostro vil y autoritario de Penn, que es el arquetipo, aunque sea un poco inconscientemente, "Tiene 20 años, por Dios", le dijo el capitán Hill al pardillo (o no tanto) de Eriksson (Fox).
          Los demás están bien, pero son éstos los que se salen. Más la actriz que hace de aldeana vietnamita, por supuesto, Thuy Thu Le, asombroso papel, que le da muchos puntos a la película, la realza, la eleva dándole una verdad que si bien Penn y Fox, van avivándola según avanzan los minutos, es ella la que redondea la película para que se le considere una "película necesaria".

miércoles, 2 de julio de 2014

PELÍCULA 04 MUTINY ON THE BOUNTY

   
    Imagen de wikipedia    

          Pasemos por alto el comentario de no se qué pirata español que meten ahí con calzador sin venir a cuento, como algo típico en las películas anglosajonas. Les encanta en las pelis de barcos: o hablar de los españoles como lo peor, o si no disfrazarnos como virreyes maliciosos en Sudamérica, recién salidos de un carnaval, de una mascarada.
          Pasemos eso por alto, y también el título en castellano que lleva la carátula de la peli que he cogido en la biblioteca, título que prefiero no traer aquí, sin fundamento ninguno. En realidad ha tenido dos títulos, uno mejor que otro, más fiel. Muy recomendable buscar por internet la controversia de esos dos títulos.

          Bien, pasando por alto ambos aspectos... vaya peliculón. A Clark Gable (Primer oficial Fletcher Christian) nunca lo había visto así. Sí en sus poses chulescas, que también surgen, claro, pero luego en su contacto con los haitianos y haitianas, o en su tristeza por algunas decisiones que toma, se ve un actor mucho más completo que lo que dejan ver otras pelis suyas, que no es que sean malas, en absoluto, pero aquí me parece de lo mejor.
          Mucho ayuda a Gable el gigante Laughton (Capitán Bligh). De por sí ya me cae bien Charles Laughton, vería una película entera de él, sin argumento, sentado en un sillón leyendo a orillas de una chimenea de un palacete inglés, con un perro a sus pies, y que de vez en cuando hiciera comentarios y moviese las cejas, hasta su impostura me va.
          Está espléndido, en el rol del malvado Bligh, odiado por la casi totalidad de su marinería, lo muestra la película como un tirano, y sus roces constantes con el oficial Christian (Gable) por sus desacuerdos en la forma de castigar (no desvelo nada, sólo diré que si en realidad hizo lo que se ve en la peli, era un desalmado, este Bligh), desemboca en un desencuentro total.

          Entre Bligh y Christian, se encuentra el cadete Roger Byam, interpretado por el excelente actor Franchot Tone. Y se encuentra entre sus dos superiores porque hace una gran amistad con Christian, oficial justo, que da mucha confianza a sus hombres, un buen hombre de mando en el mar; pero por otra parte el joven cadete le debe obediencia al capitán, y más en un barco de su graciosa majestad (uno aprendió con Galdós, Pérez-Reverte y O'Brian que si en el ejército la vida es dura, en la Marina mucho más). Así que se debatirá entre seguir a su amigo o a su deber.

          Es asombroso que la película sea de 1935, por algunas escena muy logradas, con la dificultad de rodar escenas que sean (o parezcan) de tormentas en altamar.
          Ganó un Oscar a la mejor película y tuvo siete nominaciones más: tres al mejor actor (Laughton, Gable y Tone), mejor director, mejor montaje, mejor banda sonora y mejor guión.

lunes, 10 de febrero de 2014

película 03 LOS SEÑORES DEL ACERO

       


       Yo no he visto ninguna película que me lleve más rápido a esos primeros momentos del Renacimiento, con la Edad Media todavía pisando los talones. Un historiador se puede reír ante estas palabras, claro. Pero quiero que ese historiador, el que se ríe, me diga una película, documental o serie televisiva que me lleve de forma más veraz. A lo mejor el que me río soy yo. Porque vamos a ver: uno está harto de tantas buenas palabras, tantas expectativas ante películas históricas, y luego sólo hay un puñado en las que de verdad parezca que “estés allí”.
         Es inevitable pensar en el cuadro de Brueghel, “El vino en la fiesta de San Martín”, cuando la escoria engañada por Arnolfini gana el castillo, los títeres andrajosos, lo más bajo de la sociedad medieval, y aparece rodando un barril gigante por las calles de la ciudadela. Todos van bailando alrededor de la gran cuba, con los ojos desorbitados, violentos, sin un mañana.
           No sé si alguien asesoró a los que realizaron la película, si se reunieron con doctorados en Historia; o si, por el contrario, es una visión intuitiva: las putas a pie de batalla desahogando a la rufianesca, el sacerdote con una espada tras bendecir a los fieles, la mirada del deber del capitán Hawkwood, tan parecida, tan parecido a ese otro capitán de Lepanto que posa en el Prado, de Tintoretto, de un deber que pesa en esos ojos viejos.


Almirante veneciano (Tintoretto) 
https://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/almirante-veneciano/

           Y la sorpresa viene después, cuando bajo la lluvia y el barro surge un milagroso San Martín de madera policromada… no pueden ser casuales las dos imágenes, la de la fiesta del barril tras la batalla, y ahora el santo. Es el propio soldado Martín quien explica la leyenda del santo, que con su propia espada rasga sus ropas para dárselas a un mendigo.
             
         No es sólo barbarie, tenemos a la figura renacentista representada en el hijo de Arnolfini, inventor de “la máquina de guerra” del barril viajero de pólvora, estudioso de Da Vinci.
Y tenemos también la parte romanticista y legendaria, de la princesa, los grabados pequeños coloreados en los colgantes, la mandrágora de los ahorcados.
        Seguro que es más una película de aventuras que de Historia, pero sigo pensando que es la película que más cerca me ha llevado allí, al oeste de Europa, en 1501.

sábado, 3 de noviembre de 2012

película 02 EL ENEMIGO PÚBLICO

     

          Salí de la biblioteca con la película bajo el brazo una noche que no hacía frío, y antes de montarme en el coche miré la portada con los retratos de James Cagney y Jean Harlow, metidos en un círculo, son los protagonistas de la peli. A lo mejor el círculo es la burbuja que sale de la sociedad del lujo de los años 30 americanos, representados en pocos trazos y colores a la derecha arriba; burbuja donde se encontraban como en un sueño los Toms (Cagney) y aquellos buscavidas, que desde pequeños aprendieron a ganarse la vida como fuera por las calles de Chicago.
          Si el director o el guionista pretendía dar clases de moral con el final de la película creo que se equivocaba, o tal vez sólo se viera obligado a terminarla así, como se explica al principio: las autoridades dieron un toque de atención, viendo la atracción que sentía la gente por el carisma de Cagney interpretando a mafiosos.
          O la ingenuidad es la mía, pues la película es buena, y el director sabe perfectamente lo que hace a cada momento, y el toque de humor que hay cuando aparece Tom embutido en una manta, atado y jodido no puede ser casual. Es la única parte de la cinta que no tiene ninguna credibilidad, y uno se imagina el descojone general de la gente que habría allí trabajando, actores, maquilladores, cámaras, fotógrafos, técnicos de luz y sonido, director, ayudantes, etcétera, cuando se acabara de rodar la escena. El único dramatismo real es tal vez el que nos hace llegar la magnífica actriz que hace de la madre.

          Tom o James Cagney nos mantiene atados a la pantalla, por una soltura que es de admirar viendo el año en que se estrenó la película, 1931; uno pensaría que James Cagney vivía así, que cuando saliera de los estudios donde rodaron, volvería a los bailes a beber champán, mirar con descaro a las mujeres que emborrachaban a sus acompañantes para irse más tarde con él, a amenazar a los barman que no compraban la cerveza que distribuían ellos. Otro espejismo más.

lunes, 7 de mayo de 2012

película 01 EL TURISTA ACCIDENTAL


Las únicas sonrisas que se le abrieron en el pecho al protagonista son las que le proporciona la compañía de Muriel (Geena Davis), la extraña mujer. 
El turista accidental somos todos; la vida es viaje y muchas de las cosas que nos pasan, pasan y ya está, no hay que darle más vueltas. Eso debió pensar el protagonista cuando se descubrió a sí mismo sonriendo al espiar a Muriel cantando, mientras ella lavaba los platos, como si no existiese nada más que esa canción y aquel rincón íntimo y cotidiano, como metáfora absoluta de la felicidad de andar por casa.
No es recomendable ver esta película con sueño a eso de las tres de la tarde, no porque sea mala, sino por la lentitud. Pero esa lentitud es natural y llena de matices en cada escena gracias a que el ritmo lo saben mantener los actores, que sin ser los archiconocidos americanos, saben hacer su trabajo con solvencia y en algunos casos brillantez.
El primero al que hay que aplaudir es a Edward, el perrete. Parece tranquilo pero luego se la va la pinza y empieza a hacer de las suyas. Gracias a eso Muriel se irá acercando más a Macon, pues ella es amaestradora de perros y la contrata para que le enseñe algo de civilización a Edward.
Macon (William Hurt) hace una gran papel. Difícil, no porque tenga que saltar de un coche en marcha, o porque tenga que hacer puenting ( o su doble), no, nada de eso hay aquí. Hace un buen papel porque mantiene una coherencia en toda la película. Y es su cara, aparentemente sin mudar en toda la película la que nos gana. Lo entenderá el que llegue hasta el final.

En cuanto a los personajes secundarios, tengo que decir algo en general de los actores secundarios. Que los mejores son los que no desentonan. Y preguntará alguna persona insatisfecha con esta afirmación ¿y ya está? Sí. Y es lo más complicado para cualquier actor: no desentonar.
Si lo pudiéramos comparar con la vida en un barco de guerra, por ejemplo, las reglas serían estas:
el actor principal es como el capitán del barco, es el puesto de mayor responsabilidad, y no se puede arrugar cuando vienen las cosas mal. Sea en forma de enemigo armado hasta los dientes, en cuyo caso no podrá agacharse y deberá andar estirado en el alcázar de popa; sea en forma de oleaje o temporal, donde tampoco podrá irse a la bodega del barco a llorar en un rincón entre barriles.
El actor secundario sería como ese marinero que puede holgazanear durante mucho tiempo, pero que cuando el contramaestre truena ¡Al abordaje!, se lanza al barco enemigo como si fuese su último abordaje.
Y aquí los actores secundarios esperan bien la ola, por seguir en el mar, y cuando llega saltan bien y no les tira apara atrás, saben escapar hacia delante sin que los voltee.
Luego, practicamente durante toda la peli, todo es enredo y caos (sin tiros ni silicona), para un hombre que se había convertido en autómata, destemplado, que una mañana se encuentra de frente con la lucidez. Es curioso porque esos momentos son únicos y aislados. Ni vuelven ni se recuerdan tal cual. Es como si a alguien distinto a nosotros le hubiera pasado.