miércoles, 28 de mayo de 2014

EX - LIBRIS


Está claro que es complicado saber qué personaje de los que viven en las páginas de El Quijote dice esto:
“…he oído decir que esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y, sobre todo, ciega, y así, no vee lo que hace, ni sabe a quién derriba, ni a quien ensalza”
Pero eso no significa nada, me refiero a lo de saber quién dice esto en El Quijote. Si fue Alonso Quijano, Sancho Panza, el ama, la sobrina, el bachiller Sansón Carrasco, el cura, el barbero, el caballero del verde gabán… No es bueno, ni malo, es la realidad: qué sorpresa nos llevaríamos si se borraran de una vez todos los nombres de las portadas del total de libros que pueblan el mundo, no podríamos jugar a la vanidad, ni a tener ídolos de carne y hueso, sólo podríamos rendirnos a las palabras, a la tinta.
Y no sé qué hace uno escribiendo sobre El Quijote, si no lo lee ni Perry, es como un pozo de agua fresca y amarga en un castillo en ruinas, abandonado a la hiedra, la lluvia y los atardeceres hermosos.
Una vez, dando un paseo por el Rastro de Madrid, un gitano tenía una caja de cartón, en la que ondeaba una pegatina que ponía Frutas Miramón, y sobresalían restos de revistas, periódicos y otros papeles, hojeando estos restos de naufragio, di con un cuento sobre El Quijote que venía suelto, arrancado de algún recopilatorio de cuentos, se le veían las costuras a las páginas. “Me lo quitan de las manos, primo”, me decía el vendedor, mirándome de soslayo. Tras la típica charla de regateo de domingo de Rastro madrileño, completamos una gran transacción comercial, me llevé las hojas que ya amarilleaban y hoy lo transcribo:

CUENTO: EL CLUB CERVANTES
Una sociedad de amantes de El Quijote, muy ricos, billonarios o trillonarios o más, conspira para que desaparezcan de la faz de la Tierra todos los libros del Quijote.
Lo planean y lo hacen. Primero, el club Cervantes será un equipo perfecto de Quijotescos quijotistas (la preselección de personas es muy importante), frikis como ellos solos, y cada uno en lo suyo (intentarán hallar gente que curre en distintos sectores) trabajarán sin descanso: las ratas de biblioteca comprarán todo ejemplar que encuentren; los mejores y más desalmados hackers del club  piratearán cada base de datos que contenga la obra; los mejores y más tiburones comerciales que haya bajo el cielo cervantino llamarán a las puertas, hogar por hogar, comprando los Quijotes que pueda haber en la casa (les resultó mucho más fácil de lo que creyeron, “menudo torro me has quitao” decían contando los billetes que les habían soltado los del club Cervantes).
Total, que poco a poco (Zamora no se ganó en una hora), y al cabo de unos años, desaparecen los Quijotes, todos, y para mejor faenar lo planeado, meten todo el material en un arca estilo Noé pero más moderna, y tecnológica que te rilas, y bien alicatada el arca que a la mínima la echan a pique, y se van todos los volúmenes al fondo del mar, a que se los lean la Sirenita y su padre y el cangrejo ese de “Baaaajo del mar, baaaajo del mar…”, porque los Quijotes buenos, las ediciones fetén están a buen recaudo en una especie de mansión decimonónica inencontrable para google maps, ni siquiera Bill Gates, ni Íker Jiménez con ayuda de Santiago Camacho y todo el equipo de Cuarto Milenio son capaces de dar con la mansión, imagínate el poder de los puretas estos ricos del club Cervantes.
En la mansión dichosa quedan periódicamente para leer y releer el Quijote, a veces en silencio, y otras hacen lecturas teatralizadas, con música clásica de fondo o jazz relajado.
En la mansión están prohibidos los móviles, internet, la coca cola, hablar de política, de fútbol, de la familia y de algunas cosas más, so pena de no volver a entrar nunca. Y no pasó nada. El mundo siguió girando, y girando se ha quedado. Lo único reseñable fue cómo informó Matías Prats del hecho (con su voz telediaria, no la de "¡pero esto qué es!", la otra): Misteriosamente han desparecido todos los Quijotes del mundo, se cree que ha sido una mafia rusa, que quiere imponer en el mundo la lectura de “Guerra y paz” de Tolstoi. Una vecina del pueblo de Torrijos ha declarado que se sintió estafada por unos señores trajeados que le ofrecieron dos mil pesetas. “Qué iba a saber yo…” decía con lágrimas en los ojos.
Fin.
…………………………………..

         Volviendo al Quijote (¿nos habíamos ido?), y para terminar, os diré lo que le contesta otro personaje al que decía lo de la Fortuna borracha y antojadiza:
“…no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura.”
          Quién sea el/la que diga esto en la obra también se nos da una higa, lo sé, y se ha desaprovechado mucho espacio aquí en hablar del ingenioso hidalgo. Mucho de lo nuevo de hoy parece viejo, destartalado; hay más vanguardia en la modernidad de “La flauta mágica” de nuestro hermano Amadeo que en esos adefesios cool que se ven en algunas paredes, y nos los venden, como diría Arguiñano, rico, rico. 

jueves, 24 de abril de 2014

IMPRENTA DE JUAN DE LA CUESTA, MADRID, UN VIAJE DEL 2014 AL 1605

          Está en la calle Atocha, para uno ha sido invisible hasta hace cuatro días como si dijéramos. En esa calle, que lo único que fue era transición entre la estación de ferrocarril, puerto de España y allá arriba la Plaza Mayor, hay un relieve, una lápida que felizmente da vida más que muerte a Don Quijote y Sancho. 

Lápida en la imprenta de la primera edición de El Quijote
(Lorenzo Collaut Valera, 1905)

          Es el local que ocupaba, en 1605, la imprenta de Juan de la Cuesta. Nos dice el guía que lo único que sobrevive a la época es un trozo de pared en la parte de abajo, un especie de lienzo de muro irregular, como si fuera parte de unos antiguos cimientos de piedra. Casi nada, y suficiente para contentarnos, pensando que por allí pasaron los volúmenes que iban saliendo de una sala cercana, donde se encontraba... la imprenta.
          La sala está restaurada, claro, la imprenta que hay ahora es una réplica, pero cuando el grupo de visitantes íbamos pasando, acercándonos a la máquina, un silencio se iba creando en torno nuestro, como cuando se asoma uno a un acantilado gigante, enorme, hecho de años, y de páginas leídas, agradecidas a nuestro buen Miguel.
          La estructura de una imprenta es muy parecida a la de algunos aparatos que usaba la Inquisición, del potro salían lamentos, de la imprenta papel, tinta y libertad. Los chinos, nos comenta José (el guía) ya se habían adelantado a Gutenberg, pero los tipos móviles es éste el que los crea, digamos que es lo que le hace famoso y le hace pasar a la Historia.
          Entre 1.500 y 1.700 ejemplares salieron de la primera edición de la Primera parte de El Quijote. Posiblemente, continúa el guía, fue una tirada tan amplia, más de lo normal en un autor que todavía no era muy conocido, porque Cervantes fue un gran amigo de Francisco de Robles, librero del rey. Una persona con suficiente dinero para costear la edición y además gracias a él tenemos el libro, pues animó vivamente a Cervantes para que lo escribiera. Se cree que gustó mucho al librero la historia de Alonso y Sancho.
          El proceso en la imprenta, por lo que el guía nos transmitió, debía ser muy laborioso, había cajistas que colocaban los tipos, formando las páginas, dirigidos por el amanuense que es el que sabía leer, otro que era el que prensaba con la barra torneada de madera (nos hizo una demostración real, y nos tendrían que haber hecho una foto por lo embobados que nos quedamos justo cuando prensó el papel, con firmeza pero delicadamente)... Y para diseñar una sola cara de una página, era un trabajo minucioso, quien vaya a la visita lo podrá comprobar, para cuadrar bien las letras, el número de líneas, los detalles, se requería mucha precisión. La primera edición, de la cual hay que se sepan hoy entre 16 y 18 ejemplares, tuvo cientos de errores. Se enmendaron muchos en la Segunda edición.
          Si bien, como queda escrito más arriba, de la época del siglo de oro, la época de Cervantes y Juan de la Cuesta, no queda mucho*, todo lo suplen las lecturas de la obra, para volver y volver siempre que queramos al mundo, universo cervantino, y sus personajes, vivos en la tinta.

Sancho Panza y Don Quijote hablando sobre la Primera Edición.

* Buceando por internet, parece ser que queda algo más de la época, en el edificio de la calle Atocha: 
"Todo lo que queda realmente de la época son dos muros: el que da a la calle de Atocha y otro lateral", explica a EFE el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Manuel Fernández Nieto.
Fuente:http://noticias.lainformacion.com/estilo-de-vida-y-tiempo-libre/turismo/lo-que-queda-de-cervantes_67CNEFZGGwhuA9jzHLLyE6/



martes, 25 de febrero de 2014

OPERACIÓN DE LA T.I.A. EN EL PALACE

          

          En un primer momento uno piensa: "este Évole es un artista, lo que ha hecho"; pero cuando reflexionas ves la trampa. Si estás en contra de la Operación Palace, eres un facha; si estás a favor eres güay del paraguay. No sé, ahora me parece un intento más de colgarnos a los españoles (Dios, España me duele) el toro, la folclórica y la sangría, como el chiquilicuatre en Eurovisión, Eurocoñazo.

          Lo mejor son las justificaciones y el debate posterior de Gabilondo, Garbiñe Biurrun y Eduardo Serra. Le pregunta Évole a Serra si está de acuerdo en que la constitución se cambie para poder hacer un referéndum en Cataluña. Serra contesta que también se puede hacer un referéndum en Castelldefels, y aunque lo intenta disimular, al periodista se le ve la tensión en la cara. Es decir que con unas cosas (23-F) se pueden hacer bromas, pero el referéndum, lo nacionalista es sagrado, digno de la más alta solemnidad. ¿En qué quedamos? Y luego Gabilondo sin ser claro, dice que hay que cambiar la constitución, pero ¿cómo? ¿el qué? ¿Federalismo? Pero a ver, que no me entero: ¿LOS NACIONALISTAS QUIEREN FEDERALISMO? (Y esto no quiere decir que uno esté de acuerdo con la última reforma).

          "Sé que en este momento habrá espectadores contentos con lo que han visto, porque lo habrán pasado bien, y otros que se sentirán engañados y me querrán matar", afirma Jordi Évole. Pues no, es que no es eso. Es que los símbolos son sagrados o son ídolos con pies de barro, pero en España, en Cataluña y en Castelldefels, por ejemplo. Aparte de que en ese comentario se está descubriendo él solo: si te lo has pasado bien, eres una persona serena, inteligente incluso, tolerante. Si no te ha gustado, me quieres matar, te caigo mal, eres cerril. Pues no, Jordi Évole, ni una cosa ni la otra. Sí veo una intrepidez en lo que has hecho, sobre todo cuando vieses la audiencia que tuvo tu Operación Palace, y te sonrieras (o tal vez no te sonrieras). Pero también se deja entrever un "yo soy más listo que nadie". Como todavía no se sabe todo lo que de verdad ocurrió, por aspectos que no han dado a conocer, pues vamos a hacer una ficción que parece más verdad que la verdad, jugando con tópicos. No olvidemos que anunció durante más de una semana su programa, lleno de misterio; jugada redonda, pues mucha gente (entre la que me incluyo) queremos saber la verdad. Buen provecho, sí señor.

          Seguiré viendo el programa, pero me parece que hay que ser más honesto, y pensar si algo así se podría haber hecho con otros temas. Caricaturizando por ejemplo a esos nietos de andaluces que se creen las pamplinas que se cuentan sobre 1714 en la Historia de Cataluña; si quedarían tan bien como tú (periodista ingenioso; sin acritud, lo has demostrado), o como un asqueroso fascista.
   

lunes, 10 de febrero de 2014

película 03 LOS SEÑORES DEL ACERO

       


       Yo no he visto ninguna película que me lleve más rápido a esos primeros momentos del Renacimiento, con la Edad Media todavía pisando los talones. Un historiador se puede reír ante estas palabras, claro. Pero quiero que ese historiador, el que se ríe, me diga una película, documental o serie televisiva que me lleve de forma más veraz. A lo mejor el que me río soy yo. Porque vamos a ver: uno está harto de tantas buenas palabras, tantas expectativas ante películas históricas, y luego sólo hay un puñado en las que de verdad parezca que “estés allí”.
         Es inevitable pensar en el cuadro de Brueghel, “El vino en la fiesta de San Martín”, cuando la escoria engañada por Arnolfini gana el castillo, los títeres andrajosos, lo más bajo de la sociedad medieval, y aparece rodando un barril gigante por las calles de la ciudadela. Todos van bailando alrededor de la gran cuba, con los ojos desorbitados, violentos, sin un mañana.
           No sé si alguien asesoró a los que realizaron la película, si se reunieron con doctorados en Historia; o si, por el contrario, es una visión intuitiva: las putas a pie de batalla desahogando a la rufianesca, el sacerdote con una espada tras bendecir a los fieles, la mirada del deber del capitán Hawkwood, tan parecida, tan parecido a ese otro capitán de Lepanto que posa en el Prado, de Tintoretto, de un deber que pesa en esos ojos viejos.


Almirante veneciano (Tintoretto) 
https://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/almirante-veneciano/

           Y la sorpresa viene después, cuando bajo la lluvia y el barro surge un milagroso San Martín de madera policromada… no pueden ser casuales las dos imágenes, la de la fiesta del barril tras la batalla, y ahora el santo. Es el propio soldado Martín quien explica la leyenda del santo, que con su propia espada rasga sus ropas para dárselas a un mendigo.
             
         No es sólo barbarie, tenemos a la figura renacentista representada en el hijo de Arnolfini, inventor de “la máquina de guerra” del barril viajero de pólvora, estudioso de Da Vinci.
Y tenemos también la parte romanticista y legendaria, de la princesa, los grabados pequeños coloreados en los colgantes, la mandrágora de los ahorcados.
        Seguro que es más una película de aventuras que de Historia, pero sigo pensando que es la película que más cerca me ha llevado allí, al oeste de Europa, en 1501.

sábado, 4 de enero de 2014

ALTA NOCHE ISLADA

     Las noches en vacaciones se alargan con lecturas, películas y esa pequeña vuelta al mundo fantástica llamada internet; cuando levantas la vista alucinada y cansada del libro, y no tienes una película, te enchufas a internet buscando ese audio o vídeo que sea como un oasis en la alta noche, sin mucha fe, un poco errar desprendido...

     Ahora todavía no sé cómo he llegado hasta el vídeo que motiva esta entrada del blog, pero el título anunciaba algo que me resultaba difícil de creer: un taller de literatura en una isla del Mediterráneo, compartiendo jornadas de calma islada junto al maestro y otros discípulos. Los sueños que tenemos son anticipaciones de lo que va a ocurrir o son una vehemencia profunda que acaba transformando en real lo que nos parecía una quimera... No lo sé, pero anoche, no podía creer lo que estaba viendo.

     Todo comienza con unas palabras blancas sobre fondo negro, que no me resisto a transcribir, pues mi limitación literaria no es capaz de expresar mejor lo que anuncian tan bien, de forma sencilla, serena, mediterránea: 

SEPTIEMBRE del 2010. En
 un lloc llamado Binissaida,
 donde se ve salir el primer
 sol de Menorca, fueron
llegando las personas que
 aquí aparecen atraídas por
alguien que creían conocer y
por algo que no sabían [...]
Y lo que no sabíamos,
ni maestro, ni discípulos,
ni organización,
ni familiares de unos y otros,
es que este encuentro nos iba
a cambiar la vida, que de él
nacerían nuevos y preciosos
vínculos, que de nuestros
fragmentos acababa de 
formarse una vasija. Estas 
son imágenes iniciales de aquel tiempo
inicial.
Y esto se ha salido de madre
en eso de la trascendencia
islada. Pero es igual.

     He querido respetar la forma en que vienen distribuidas estas palabras en el vídeo. No porque crea que la persona que ha realizado el vídeo pensara en distribuir tales palabras con un sentido métrico, sino porque en esa libertad y caos de renglones está también la filosofía que desprenden esos encuentros menorquinos.

     La imágenes edénicas son del lugar, una especie de masía gigante, donde la luz transforma todo en imágenes de cuento, de charlas alrededor de un almuerzo, de personas viviendo una ensoñación, escribiendo en rincones apartados, serenos, hay también diálogos entre el escritor y otra persona, no podemos saber lo que se están diciendo, pero hay una armonía entre los gestos de la manos y faciales, y la música que los acompaña, un jazz lento que envuelve esa luz, a los perretes jugando por todo el espacio para ellos, a las personas meditadando, escribiendo, hablando, dormitando... se ve también un faro rojo y blanco, sobre un pequeño conjunto rocoso, la tarde avanza a su final en la luz rosa y naranja que refleja el sol ya moribundo en las alargadas nubes que se estiran cubriendo todo el cielo, dejando un suspiro en el que mira porque sin haber estado allí, algo le llega, de verdad, de aquellos encuentros islados.


viernes, 3 de enero de 2014

EL BUEN USO DEL DICCIONARIO

     
     
     No quiere uno hacerse el interesante, poniendo verde a las nuevas tecnologías, dándoles una colleja de vez en cuando, haciéndose el viejo y esencial romántico, pero hoy querría defender al diccionario detodalavida.

     Estás leyendo un libro, tienes el ordenador encendido, pongamos que con música de youtube, pongamos que de Juan Crisóstomo Arriaga (compañero fiel de muchas lecturas, sobre todo barojianas), y de repente aparece en el texto una palabra que no entiendes... tecleas en google RAE, tecleas la palabra y ¡chas! ahí está, mírala, mírala. Y sin embargo hoy, leyendo a Dragó, ha aparecido la palabra solitario, no utilizada con la acepción que yo conocía (solo, sin compañía; retirado, que ama la soledad), sino con otra bien distinta. No era difícil colegir su significado por la frase donde iba insertada. Pero quería buscarla: tenía el ordenador encendido, listo para buscar en la RAE... cuando he mirado a la estantería y he visto el Pequeño Espasa, edición del '88, diccionario enciclopédico maravilloso. 
     Y me ha pasado una cosa que me ocurre siempre que busco en un diccionario de papel, y que me sucede también cuando voy a comprar algún libro en concreto: que acabo picando en otras palabras, en otros libros.
     Al llegar a la página que traía la palabra solitario, me he encontrado felizmente con tres fotos, que también me han interesado aunque no fuese yo al Espasa buscándolas. Pero ahí estaban, y ya te demoras en ellas: 
     La primera mostraba el cuadro "Los payasos" del pintor José Gutiérrez Solana. Pintor que me encantó cuando lo descubrí en el Museo Reina Sofía de Madrid, pero que profundicé en él cuando leí en Trapiello aspectos que de él desconocía, como por ejemplo que era escritor. Y siempre estaré agradecido a Trapiello, disfruté mucho con los libros de Solana La España negra y Dos pueblos de Castilla.
     La segunda foto del Espasa alegra mucho la vista en el diccionario con unas Petunias rojas, plantas solanáceas, palabras que rezan bajo la imagen. 
      Y la tercera y última llena de solemnidad y sabiduría el papel, pues corresponde a un busto de Solón, busto que se halla en el Museo Nacional de Nápoles. No está demás que escriba aquí algo de lo que trae el Espasa sobre este legislador griego (Atenas, 640 - Chipre, 558 a. de C.), algunas cosas que hizo: promulgó una constitución, suprimió los privilegios de la nobleza; y también fue poeta.

     Está claro que hemos salido ganando con el Pequeño Espasa del '88. 
   Para despedir la entrada del blog, acudiremos sin embargo a internet, para buscar una poesía de Solón, que no se desprecia desde esta página a lo que nos sustenta, las TIC, tengamos coherencia. (Qué lucidez hay en la poesía de Solón, parece hecha para nuestros tiempos ¿modernos?):

De la riqueza no hay término alguno fijado a los hombres;
pues ahora entre nosotros el que más bienes tiene
el doble se afana. ¿Quién puede saciarlos a todos?
                                                                       Sólon de Atenas 
Texto extraído de la siguiente dirección: 

SOMBRAS QUIJOTESCAS

     

     Una sombra pasea por las calles, un poco irreales, vacías, absurdas, un dos de enero que ya no tiene el brillo de niño bonito del uno, y este, su hermano pequeño del primer mes lo mira con envidia. Pero hoy ha llovido y sobre los charcos de asfalto caen gotas de lluvia, regando el año nuevo, y eso no pasó ayer.

     Y cuando uno vuelve ya a casa fatigado de su propia sombra, encuentra una imagen que explica mucho del estado del Quijote hoy: olvidado en la noche de los tiempos, pero sin perder el humor triste que tuvo, tiene y tendrá.